La psicología positiva

4 de Noviembre de 2016

La ciencia de la felicidad

En la década de los 70, Martin Seligman, profesor de Psicología de la Universidad de Pensilvania y antiguo director de la APA (Asociación de Psicología Americana), creó uno de los constructos más influyentes en la historia de la Psicología: la Indefensión Aprendida.

Este concepto surgió a raíz de experimentos que Seligman efectuaba con perros a los que metía en jaulas y aplicaba una pequeña descarga eléctrica. Algunos perros podían librarse de la descarga si accionaban una palanca con el hocico. Otros no. En una 2ª fase del experimento se daba la posibilidad a estos perros de liberarse de la descarga accionando la palanca. Sin embargo, lo único que hacían era quedarse quietos en una esquina esperando la descarga. Habían aplicado la indefensión aprendida: la sensación de que haga lo que haga no servirá de nada.

Esta sensación de incontrolabilidad, que aparece también en humanos, se ha asociado con la depresión. Fácilmente, si creo que mi bienestar (o la solución a mi malestar) depende de factores ajenos a mí, no haré nada, por lo que se mantendrá mi malestar. La indefensión aprendida alimenta la apatía y la desmotivación tan comunes en los estados depresivos.

Martin Seligman había descubierto por tanto un “fenómeno de enfermedad”. Y no quería pasar a la Historia por ello. Por eso, ya a finales de los años 90, formó un grupo de investigación, en el cual se incluyó a Mike Csíkszentmihályi, psicólogo y docente creador de la Teoría del Flujo*. El objetivo de este grupo: sentar las bases de la Psicología Positiva, una nueva corriente dentro de la Psicología dirigida hacia el estudio del bienestar humano.

La Psicología tradicional siempre ha puesto el foco de atención en el estudio del problema, de la enfermedad, del malestar. Lo que propone la Psicología Positiva es un cambio de perspectiva: todo aquello hay que estudiarlo, es necesario, pero encarguémonos también del estudio de la salud, del bienestar. Preguntémonos: ¿qué nos hace felices?

Así, gracias en gran parte a este giro, ahora, además de hablar de depresión, ansiedad o estrés, se han popularizado conceptos no menos importantes, relacionados con estados de bienestar subjetivo o éxito percibido: la Inteligencia Emocional, el Mindfulness, la creatividad, la resiliencia**, la gratitud, el impacto del ejercicio físico sobre nuestras emociones o la importancia de las relaciones sociales.

De esta manera, la promoción de la salud mental, adquiere hoy tanta relevancia, como la prevención y el tratamiento de la enfermedad mental. Después de todo, ¿qué mejor forma de prevenir la enfermedad, que promocionando hábitos de vida saludables?

De la investigación particular de Seligman nace además la Clasificación de las Fortalezas Personales: un conjunto de rasgos psicológicos valorados como positivos en la mayoría de las culturas. Virtudes como la flexibilidad mental, la integridad, la capacidad de perdón y de compasión, el optimismo y el sentido del humor, serían algunas de las que forman esta clasificación.

Si bien la Clasificación de las Fortalezas Personales no es la única que habla sobre los rasgos positivos de las personas, ni ha de ser tenida como un dogma de fe, su aporte radica en que todos estos rasgos son comunes a la condición humana y entrenables y desarrollables. Todos podemos hacer por potenciar nuestras propias fortalezas.

Con esto, Martin Seligman pagaba su deuda. No estamos indefensos. Somos personas con multitud de rasgos de resistencia hacia la indefensión. Fortalezas y virtudes cuyo conocimiento y aprovechamiento nos sirven para superar cualquier adversidad y vivir la vida de una manera más placentera, saludable y significativa.  

Una aclaración importante: la Psicología Positiva no es un modelo de terapia psicológica, como la Terapia de la Gestalt, o la Terapia Cognitiva. Es una corriente de estudio que, aplicando el método científico, trata de obtener evidencias sobre los fenómenos tanto externos como internos, que impactan de manera positiva sobre el nivel de bienestar subjetivo de las personas. Es por ello que sus aportaciones se usan tanto para el campo de la terapia psicológica, como para el de la educación, la empresa, la política o las finanzas.

Sin tratar de ser la panacea de nada, la Psicología Positiva plantea un nuevo rumbo en el campo de la investigación psicológica, para fortalecer aún más la saludable relación que siempre han tenido, la ciencia y la felicidad.

* Flujo: estado mental en el que la persona se encuentra totalmente sumergida en la realización de una tarea.
** Resiliencia: capacidad del ser humano de sobreponerse a la adversidad. 

Autor: David Salinas


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