Mente y adicciones

7 de Octubre de 2016

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación. Se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas, en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales.

Los estudios sobre adicciones han aumentado y clarificado mucho en las tres últimas décadas y es la OMS que recoge y elabora un informe recopilatorio de avances en este tema: Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas, en el que se basa el presente monográfico. Y aunque la mayoría del texto haga referencia al consumo de sustancias psicoactivas se debe entender la inclusión implícita de los “Trastornos no relacionados a sustancias” incluidos en el DSM-V llamados también adicciones comportamentales.

Los avances en la investigación neurocientífica han revelado que la dependencia de sustancias es un trastorno crónico recidivante, con una base biológica y genética, y que no se debe únicamente a la falta de voluntad o de deseo de abandonar el consumo. Aún hoy en día entre la población lega se piensa que con solo voluntad se puede tratar la adicción pero, teniendo en cuenta que el área cerebral implicada en la motivación está dañada precisamente por el consumo de sustancias psicoactivas, adherirse a un tratamiento sería el mejor afrontamiento.

Los principales avances han sido posible gracias al desarrollo y uso de técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética (RM), tomografía por emisión de positrones (PET) o resonancia magnética funcional (RMf), que permiten visualizar la estructura y función cerebral in vivo pudiendo observar los efectos de sustancias sobre las funciones cerebrales normales. Con dichas técnicas se han identificado regiones específicas de la corteza cerebral y del sistema límbico que se ven severamente afectadas por el consumo de sustancia psicoactivas y este es el reto de la ciencia, conocer al máximo el mecanismo de la adicción.

Fue con el premio Nobel al doctor Santiago Ramón y Cajal y su descubrimiento sobre el tejido neuronal compuesto por células individuales que permitió avanzar sobre la comunicación neuronal. Las neuronas se comunican a través de sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Los neurotransmisores más estudiados implicados en el consumo de sustancias psicoactivas y también en conductas adictivas son la dopamina, la serotonina, la noradrenalina, el GABA, el glutamato y los opioides endógenos. Las sustancias psicoactivas pueden simular los efectos de los neurotransmisores naturales, o endógenos, o interferir la función cerebral normal, bloqueándola, o alterando el almacenamiento, la liberación y la eliminación de los neurotransmisores. La OMS clasifica las sustancias psicoactivas más comunes como depresores (el alcohol, los sedantes/hipnóticos y los disolventes volátiles), estimulantes (nicotina, la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis), opioides (morfina y heroína) y alucinógenos (fenciclidina-PCP-, la dietilamina del ácido lisérgico-LSD- y el cannabis). Todas estas sustancias actúan sobre la motivación, activando la vía dopaminérgica mesolímbica relacionada con el sistema de placer y recompensa. Dos regiones muy importantes dentro de esta vía son el área tegmental ventral y el núcleo accumbens; en la primera interviene el neurotransmisor dopamina afectando a regiones implicadas en la emoción, el pensamiento, la memoria y la planificación y ejecución de comportamientos; la segunda está implicada en la motivación y el aprendizaje, así como en el valor motivacional de los estímulos. Esto quiere decir que la persona dependiente responde ante las sustancias psicoactivas como si fuesen vitales y biológicamente necesarias. Como se ha mencionado, a la persona dependiente se le pide que utilice la voluntad para dejar de consumir pero con estos datos vemos que es precisamente la toma de decisiones y la voluntad las que están dañadas neuronalmente. Si el dependiente valora como vital el consumo, su toma de decisión irá dirigida cognitiva y comportamentalmente a la consecución de la sustancia, por mucha voluntad que le ponga.

La relación que establece la persona con la sustancia psicoactiva puede ser de tres tipos, de uso, abuso o dependencia. La característica diferencial es la posibilidad de interrumpir el consumo con mayor o menor dificultad, durante un tiempo prolongado sin que aparezcan síntomas de abstinencia. Dentro de un proceso en el que la persona empieza consumiendo de una manera social, lúdica y experimental, a través de un consumo repetido, las estructuras cerebrales y neuroquímicas van modificándose en lo que se llama una neuroadaptación de la conducta al consumo de sustancias. Es un proceso silencioso donde la persona no es consciente del paso de un uso a una dependencia, pasando o no por periodos de abuso en el consumo. Normalmente la persona se da cuenta de que se encuentra en un estado de dependencia al tener dificultades para no consumir en situaciones en las que la propia persona decide no hacerlo. Su voluntad no le funciona.

La dependencia

Puede considerarse como parte de un proceso de aprendizaje donde la persona que consume sustancias psicoactivas va asociando estímulos internos y externos como lugares, personas, circunstancias, horas del día, etc., a una experiencia  recompensante o reforzante que activa circuitos cerebrales donde se aumenta la probabilidad de que ese comportamiento se repita. Es un aprendizaje asociativo donde la motivación se activa en presencia de dichos estímulos, tanto externos como internos, porque los procesos emocionales y de pensamiento también han sido asociados a una respuesta de consumo. Pero este mecanismo neurológico por sí mismo no explica que personas pierdan su trabajo, su familia y hasta su vida con tal de conseguir estas sustancias. La explicación es más compleja e intervienen factores psicológicos, neurobiológicos y sociales donde la toma de decisiones del individuo va dirigida al consumo de sustancia y/o conductas adictivas como respuesta.

En el momento en que la persona intenta controlar sus consumos y/o conductas y fracasa cuando empieza un proceso silencioso de intentos fallidos, donde la persona todavía no es consciente de haber adquirido una enfermedad. Si una persona no es consciente de que tiene una enfermedad no puede pedir ayuda para tratarla. Pueden pasar meses y años desde que la persona empieza a darse cuenta de que algo falla en su voluntad hasta que se pone en tratamiento. En la mayoría de casos es el entorno del paciente el que da la voz de alarma de que algo va mal.

Muchas personas consumen sustancias psicoactivas y la mayoría no se vuelve dependiente. La susceptibilidad a la dependencia presenta diferencias individuales que se deben a factores ambientales y genéticos. Se habla de vulnerabilidad genética a la dependencia pero por sí misma no explica un proceso complejo que tiene mucho que ver con cómo interaccionan estos genes con los factores ambientales.

Dependencia y enfermedades mentales

Las dependencia de sustancias está aumentada en individuos con enfermedades mentales, lo que hace plantear una serie de hipótesis como la existencia de una base neurológica común, que el consumo de sustancias alivia algunos síntomas de las enfermedades mentales o efectos de fármacos y por último el que el consumo de sustancias puede precipitar las enfermedades mentales o producir cambios biológicos. Se encuentran pruebas a favor de cada una de ellas. Es la cuestión de qué viene antes, el huevo o la gallina.

Tratamiento

La combinación de la farmacología y la terapia conductual parece ser lo más eficaz en el tratamiento de la dependencia. Para la dependencia al alcohol, nicotina, opiáceos, sedantes/hipnóticos existe un gran avance farmacológico con el que se obtiene un resultado eficaz. En el caso de la cocaína, los ensayos clínicos están en curso.

La farmacología se puede utilizar para disminuir el consumo en casos de reducción de daños en los que la coyuntura del dependiente no permite la abstinencia, para sustituir el consumo de la sustancia psicoactiva por otra que disminuya los efectos nocivos (esta opción se utiliza sobre todo con los opioides como es el caso de la sustitución de la heroína por metadona) y para disuadir el consumo de sustancias por la incompatibilidad entre ambas, ayudando en el proceso de desintoxicación.

Además de la farmacología se utilizan las terapias psicológicas conductual, motivacional y cognitiva. Interviniendo para sustituir la motivación hacia otro tipo de conductas que no sea el consumo. El tratamiento tiene que ver con desaprender la conducta relacionada con la dependencia para aprender/reaprender respuestas mejor adaptadas.

Las terapias grupales también están demostrando una elevada eficacia, donde la persona puede identificarse como enfermo sin sentir el estigma social que todavía acompaña a esta enfermedad. En el grupo se ayuda a incorporar cambios conductuales y consolidarlos a través de la propia práctica y el aprendizaje vicario.

La terapia familiar sistémica está siendo utilizada cada vez más para conseguir los cambios necesarios en el establecimiento de nuevas relaciones significativas que no estén asociadas a conductas adictivas. En la dependencia de sustancias las relaciones familiares y la comunicación se hacen disfuncionales. La codependencia es un tipo de relación que se da entre el dependiente y otra persona no adicta en la que aparecen conductas, pensamientos y emociones dolorosas cuya respuesta suele ser el consumo por parte del dependiente y olvidarse de uno mismo por parte de la persona codependiente, incluso llegando a encubrir y justificar las conductas del dependiente. El codependiente no se da cuenta y sin querer va facilitando que el proceso de adicción siga adelante. Es una respuesta disfuncional al proceso adictivo. El codependiente sufre síntomas como dificultad para establecer una relación íntima funcional, necesidad de controlar la conducta del otro, conductas compulsivas, vergüenza disfuncional, dependencia emocional, deseabilidad social, síntomas de dolor físicos, depresión…

El tratamiento es eficaz cuando la persona se reconoce en la enfermedad y pide ayuda.

Recaída

El enfoque terapéutico tiene que ver con ayudar al dependiente a adquirir respuestas alternativas al consumo de sustancias con el fin de lograr un mayor control en su abstinencia, a fin de evitar recaídas. Identificar estímulos relacionados con el consumo, la ambivalencia en la toma de decisiones ante problemas y situaciones de riesgo, el deseo compulsivo de consumir y la elaboración de estrategias específicas de afrontamiento ante dichos estímulos.

La complejidad multifactorial de la enfermedad viene a implicar como estímulos de consumo a personas, lugares, situaciones, emociones, pensamientos…, todo el espectro biopsicosocial de la persona. La terapia motivacional ha resultado eficaz debido a la necesidad de cambio que conlleva enfrentarse a la enfermedad. El dependiente debe ser consciente de la necesidad de realizar un cambio en todos los niveles de su vida, psicológico, social e incluso familiar. En el mismo proceso de cambio pueden producirse consumos que si no son tratados inmediatamente se pueden convertir en una recaída en la enfermedad. A través de un estado de adaptación biológica como es la tolerancia a la sustancia psicoactiva, un único consumo puede llevar a la persona a repeticiones consecutivas. Identificar qué es lo que ha permitido el consumo facilitará que la persona afronte con más fuerza la abstinencia.

Cómo ayudar

El estigma social impide la solicitud de tratamiento por parte del dependiente. Dentro del proceso hay un momento en el que la persona se da cuenta de que no puede interrumpir el consumo en ciertos momentos y que por mucho que se lo proponga termina consumiendo la sustancia. Tras tomar consciencia de que algo que va más allá de su voluntad le está pasando, empieza un proceso silencioso de intentos de abandono del consumo sin apoyo familiar, social ni profesional. En este momento del proceso, la familia y los amigos desconocen la existencia de la enfermedad, avanzando el tiempo en el que la persona está sin tratamiento, agravándose el proceso.

Cuando el familiar o amistad identifica que algo está ocurriendo en el estilo de vida de la persona dependiente, afectando a su salud, economía y/o relaciones, es el momento de buscar información. Este momento no es fácil porque nadie quiere sufrir y en muchas ocasiones se niega lo evidente pero es necesaria la información para saber qué está pasando y cómo afrontar la enfermedad. El apoyo familiar y social es muy importante para el dependiente aumentando la probabilidad de éxito en el tratamiento. A través de órganos como la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) se puede obtener información sobre tratamientos y centros acreditados.

Autora: Sofía Prieto


Introducir comentario


*
*
*
(máximo 700 caracteres)

Validación

Para confirmar su petición, y por motivos de seguridad, haga click en el checkbox de seguridad de abajo



He leído y acepto los términos y condiciones de uso

Comentarios


Comentario de María Narbona

02/12/2016

Siempre que leo algún artículo sobre adicciones echo en falta lo que yo considero otra adicción, que es comer de manera compulsiva en casos de cansancio o ansiedad, sin llegar a ser bulimia. Me gustaría que se tratara este tema y se hablara de posibles terapias.
Gracias por esta web. La acabo de descubrir y promete ser tan interesante como el programa de la TV.

02/12/2016


Comentario de Laura MIilitello

07/10/2016

Excelente nota, muy útil para aquellas personas que necesitan empezar a comprender la adicción como una enfermedad y así iniciar terapias grupales para pacientes dependientes y codependientes.

07/10/2016