Mindfulness y su efecto sobre las emociones

8 de Diciembre de 2016

Mindfulness no es sólo una palabra que se ha puesto de moda. En realidad, el Mindfulness es tan antiguo como la destreza para manipular objetos o la capacidad de sincronizar los movimientos de nuestras extremidades, en tanto en cuanto podemos entender el Mindfulness como una habilidad: la de prestar atención al momento presente, sin atender a pensamientos distractores (juicios, críticas, rumiaciones…) que desviarían nuestra atención de ese momento.

Es decir, Mindfulness no es Budismo, no es una escuela, una corriente, un negocio… Mindfulness es una habilidad para usar una capacidad cognitiva innata, la atención, para focalizarla y mantenerla sobre un estímulo que se está desarrollando en el aquí y ahora. Como habilidad, es susceptible de ser entrenada, desarrollada y aplicada. Y de eso se ha encargado la doctrina filosófico-religiosa del Budismo durante miles de años, a través de los ejercicios de meditación oriental tradicionales que se practican en sus escuelas. Hoy, conocedores de los beneficios para la salud mental de estos hábitos, empezamos a “occidentalizarlos”, despojándolos de misticismos y dogmas de fe. No hay nada en lo que creer, si uno no quiere, para practicar Mindfulness. Simplemente aceptar lo que es, la realidad percibida, sin más.

El psicólogo argentino Martín Reynoso, experto en Mindfulness, nos dice: “cuando la mente no está enfocada en una tarea específica, divaga, se mueve de un lado a otro”. Es decir, podemos estar continuamente pensando en el pasado y en el futuro. Los estudios psicológicos que relacionan los pensamientos sobre el pasado con la depresión, y los que relacionan los pensamientos anticipatorios con la ansiedad, nos dicen que ni en un sitio ni en otro, somos felices.

De ahí la importancia de entrenar, desarrollar y aprender a aplicar esta maravillosa habilidad que tenemos: para librarnos del secuestro emocional de las rumiaciones y las anticipaciones. ¿Cómo se hace? A través de ejercicios de meditación sobre todo: escogemos un estímulo de meditación (nuestra respiración, una vela, un sonido…) y prestamos atención plena sobre él, sin rechazar las sensaciones, pensamientos y emociones que sobrevengan, sino aceptándolas plenamente. La premisa de la que se parte nos la da Ajahn Chah, considerado uno de los grandes maestros de meditación del Siglo XX: “aparezca lo que aparezca, simplemente obsérvalo”.

Sin embargo, sucede que lo que suele aparecer no son sólo estímulos del exterior. Los eventos de nuestro interior, nuestros pensamientos y sentimientos, son también estímulos que llegan a nuestro cerebro. Así, la Terapia Cognitiva parte de la premisa de que una emoción no es el resultado directo de la exposición ante un estímulo, sino de la interpretación que hago sobre ese estímulo. Si la interpretación que hago tiene una valoración negativa alta, mi emoción tenderá a ser intensa y dolorosa.

Pero, si asumimos que las emociones son también estímulos, susceptibles por tanto de ser interpretados y valorados por nuestra mente, se reproduce el proceso: de nuevo, según qué piense sobre ese estímulo, se desencadenará una nueva emoción, o se intensificará o aliviará la emoción antigua.

Sobre esta base se ha empezado a aplicar el Mindfulness sobre las emociones. Desde que un estudio del Journal of Internal Medicine demostrara que 30 minutos al día de Mindfulness podían aliviar los síntomas de depresión y ansiedad, se han multiplicado las investigaciones al respecto, encontrándose resultados similares. Y cabe destacar el interés que ha tomado la Psicología Positiva (corriente psicológica centrada en el estudio del bienestar y las fortalezas personales) por conocer y divulgar la práctica y beneficios del Mindfulness a distintas áreas de la sociedad: empresa, educación y salud.

¿Pero qué distingue en realidad la meditación tradicional, del Mindfulness en las emociones? Simplemente en que al observar el momento presente sin juicios que actúen como interferencias, aceptamos plenamente nuestro mundo interior (pensamientos y emociones) como parte de ese momento, como elementos del aquí y ahora, y no los rechazamos ni evitamos ni intentamos suprimirlos.

La investigación psicológica nos demuestra que tratar de reprimir un pensamiento hace que venga más fuerte, intentar suprimir una emoción hace que se sobredimensione. Aceptar el pensamiento y la emoción como lo que son, sin resistencias ni identificaciones, nos permite no ponernos peor cuando nos sentimos mal.

Autor: David Salinas


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Comentarios


Comentario de José Lorenzo

19/12/2016

Decir que no es Budismo es inexacto porque en realidad es una copia barata superficial y muy comercial de una parte importante del budismo. Es una corriente y un negocio como lo es el Pilates La receta para estas cosas es buscar algo que ha funcionado desde hace miles de años sacar la parte que interesa cambiarle el nombre, ponerlo de moda y a facturar.

19/12/2016


Comentario de manuel

09/12/2016

Hola como siempre genial, sigo asombrado con todo lo que publicas, un placer.

09/12/2016


Comentario de Wilbert Peña

09/12/2016

Excelente publicación.
Breve y consisa ✌
Investigaré más y retomare mi meditación teniendo esto en cuenta.

09/12/2016