Sin recompensa ni gratitud por lo que hago

15 de Diciembre de 2016 |   0 Comentarios

Desde hace más de un año vivo en un estado de continuo agotamiento, pienso que nada de lo que hago vale para nada, nunca recibo una recompensa o gratitud por todo lo que ofrezco, ni laboral, ni afectiva, ni económica. Hace años la situación familiar empeoró, entiendo que todos cambiamos con los años pero el ambiente ya es asfixiante, es un continuo “mantra negativo” por parte de mis padres con los que tengo que convivir, mis hermanos también están más irritantes e incluso mis sobrinas se han vuelto distantes, de tal manera que ya no tengo reuniones familiares y esquivo la Navidad como puedo. Aunque tengo cierta vida social por nuevas actividades que realizo, no me siento correspondida o incluso me siento “ninguneada” al igual que me ocurre con la familia, de tal manera que vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿para qué voy a intentar hacer las cosas bien, si nunca son valoradas? Siento que me está cambiando el carácter de forma drástica, ya nada me ilusiona, me es difícil encontrar nuevas metas y vuelvo a pensar: ¿Para qué? Aunque en ocasiones se me reconoce algún mérito luego no fructifica, continuamente empleo tiempo y energía pero no soy correspondida, por lo que ¡Ya no puedo más!

Responde: Rocío Rico

Lógicamente todos hacemos las cosas que hacemos por las consecuencias deseables que conseguimos con ello, que es al final lo que mantiene nuestra conducta, por eso la desazón y la desmotivación que expresas en tu consulta es del todo entendible, al no encontrar nunca las consecuencias positivas que esperas de tus actos.

Pero las consecuencias positivas son de muchos tipos, y también su origen puede ser externo a nosotros o interno, y todo ello combinado hace que muy diferentes consecuencias puedan actuar igualmente como reforzador para nosotros. Te explico esto porque creo que en tu caso el problema es precisamente éste, que buscas únicamente un tipo de reforzadores: externos (proporcionados por los demás) y explícitos (expresados de forma clara y contingente), y puede que encontrases la solución si buscases la motivación y el disfrute de las cosas en ti misma y en lo que te suponen para ti esas cosas, y no en lo que esperas que expresen los demás.

Por poner un ejemplo sencillo, si invitas a un amigo a comer, puedes recibir la consecuencia reforzante exterior y explícita de sus palabras de elogio y agradecimiento, la consecuencia social de dichas palabras expresadas delante de otras personas, e incluso la material en forma de algún presente o una invitación para corresponderte. Pero ¿qué pasa si no aparecen ninguna de estas consecuencias, lógicas y esperables por ti? Pues, según lo que te planteo, podrías buscar igualmente la recompensa, pero en este caso la interior, como tu satisfacción personal al hacer algo por un amigo, o tu propio disfrute en preparar y aprovechar dicha comida, y también la recompensa implícita, como la cara de satisfacción de tu amigo mientras come, o vuestras sonrisas y la mejora de la relación al haber compartido un rato agradable.


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